martes, 14 de abril de 2015

UN APASIONADO CON LAS VENAS ABIERTAS


Con Eduardo Galeano me pasó lo que a muchos. Supe que existía y que era escritor porque en las clases de filosofía del colegio me obligaron a leer Las venas abiertas de América Latina. Por entonces solo me interesaba la fiesta, el fútbol y el cine, y poco presté atención al contenido de aquel libro. Muchos años después, creo que por la época en que llegué a Cali, volví a escuchar el nombre Eduardo Galeano una ocasión en que Jorge Valdano, el compañero de Maradona en el mundial México 86, hablaba de fútbol y liderazgo. Valdano para sustentar lo que decía citó a Galeano y a un tal Fontanarrosa, otra joya hasta entonces desconocida por mí. En mi ignorancia supuse que se trataba de un homónimo del autor de aquel bodrio que me obligaban a leer en clase de filosofía. Además, resultaba improbable que un futbolista hablara en un programa de radio sobre un autor que escribía libros tan aburridores. El tiempo se encargó de mostrarme que el Galeano que citaba Valdano era el mismo de Las Venas abiertas y que con el fútbol también se puede filosofar. Desde entonces lo leo con devoción, y gracias a esa devoción, descubrí que Las Venas abiertas es una gran obra, el libro que todos los latinoamericanos deberíamos leer para saber las causas de nuestra realidad.
Más allá de mi experiencia, los que leen a Galeano concuerdan en que sus libros son para todo tipo de público. Un ejemplo es El Fútbol a Sol y Sombra, otro de sus grandes libros. Se trata de una compilación de artículos sobre fútbol, tan divertido y bien escrito que hasta los que no gustan del fútbol lo disfrutan. Lo mismo podríamos decir de El libro de los abrazos y de Espejos, dos obras de excelente literatura.
La última vez que compartí El Fútbol a sol y sombra, ese tesoro para los que amamos el fútbol y la buena literatura, fue a un matemático. Le encantó y me agradeció que le permitiera descubrir un libro así. Es bueno que haya escritores como Galeano, que nos divierten y nos ponen a pensar. Quizá por esa razón fue el autor de todos.
Es conocido que abordó muchos temas, como correspondía a sus intereses. Desde la filosofía hasta el fútbol. Desde la política hasta la economía. Hoy lamentamos su muerte. Se nos fue otro de la pandilla, diría el negro Fontanarrosa, con quien conversó y polemizó frecuentemente. Nos quedamos sin una de las grandes voces de nuestra América, dirán los críticos. Lo cierto es que sus libros seguirán deleitándonos y poniéndonos a pensar. Siempre lo recordaremos como un hombre cuyas dos pasiones fueron el fútbol y Latinoamérica. Un apasionado con las venas abiertas. No en vano era latinoamericano.


MIGUEL PAEZ CARO

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